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#1
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Tienes bastante razón.
Yo solo pretendo defender una interpretación lógica de algo inefable -------------------------------------------------- |
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#2
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> Tienes bastante razón.
> Yo solo pretendo defender una interpretación lógica de algo inefable >-------------------------------------------------- Sí, yo estoy contigo en que uno de los movimientos del alma en la busqueda de la iluminación es quemar todos esos idolos que nos hemos fabricado y ocupan nuestro templo interior impidiendo al espíritu que lo llene y lo habite. Pero por ejemplo el amor, cuando es verdadero, es un fuego ideal que quema todas esas máscaras y seguridades. Yo también soy un "iconoclasta". Pero a un ciego no se le puede quitar el bastón, o a un paralítico la silla de ruedas así sin más. Cada cosa, cada tradición tiene su utilidad siempre y cuando no la elevemos más arriba del hombre mismo. Hay una frase que no recuerdo muy bien de la traidición hindú, que viene a decir que el sabio no debe escandalizar o quebrar a los débiles de espíritu. Lo que tú pides exige mucha fortaleza de espíritu, y son muy pocos los que pueden llegar a ella. Aun cuando es ciertamente "la meta". Pero siempre que uno sube un peldaño de la escalera debe asegurarse de que está lo suficientemente firme en el anterior para no darse el castañazo. -------------------------------------------------- |
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#3
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Novio— (Entrando) Madre.
Madre— ¿Que? Novio— Me voy. Madre— ¿Adónde? Novio— Al cine. Voy a ver “Los Simpson”, la película. (Va a salir) Madre— Espera. Novio— ¿Quieres algo? Madre— Hijo, el almuerzo. Novio— Déjalo. Comeré uvas. Dame la navaja. Madre— ¿Para qué? Novio— (Riendo) Para cortarlas. Madre— (Entre dientes y buscándola) La navaja, la navaja… Malditas sean todas y el bribón que las inventó. Novio— Vamos a otro asunto. Madre— Y las escopetas, y las pistolas, y el cuchillo más pequeño, y hasta las azadas y las bombas de crema y de chocolate. Novio— Bueno. Madre— Todo lo que puede lastimar el cuerpo de un hombre. Un hombre hermoso, con su flor en la boca, que sale a las viñas o va a sus olivos propios, porque son de él, heredados… Novio— (Bajando la cabeza) Calle usted. Madre— … No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni cómo yo dejo esta maldad encerrada. Novio— ¿Está bueno ya? Madre— Cien años que yo viviera no hablaría de otra cosa. Primero, tu padre, que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego, tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, que es un toro? No callaría nunca. Pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo. Novio— (Fuerte) ¿Vamos a acabar? Madre— No. No vamos a acabar. ¿Me puede alguien traer a tu padre y a tu hermano? Y luego, el presidio. ¿Qué es el presidio? ¡Allí comen, allí fuman, allí tocan los instrumentos! Mis muertos llenos de hierba, sin hablar, hechos polvo; dos hombres que eran dos geranios… Los matadores, en presidio, frescos, viendo los montes… Novio— ¿Es que quiere usted que los mate? Madre— No… Si hablo, es porque… ¿Cómo no voy a hablar viéndote salir por esa puerta? Es que no me gusta que lleves navaja. Es que… que no quisiera que salieras al campo. Novio— (Riendo) ¡Vamos! Madre— Que me gustaría que fueras una mujer. No te irías al arroyo ahora y bordaríamos las dos cenefas y perritos de lana. Además podrías bailar en lo de Tinelli Novio— Sí, como Airin. Madre— Esa si es una mujer. Novio— (Coge de un brazo a la madre y ríe) Madre, ¿y si yo la llevara conmigo a las viñas? Madre— ¿Qué hace en las viñas una vieja? ¿Me ibas a meter debajo de los pámpanos? ¿Qué iba a hacer, tomar vino y fumar todo el día bajo el parral? … ¿a que hora nos vamos? Novio— (Levantándola en sus brazos) Vieja, revieja, requete vieja. Madre— Tu padre sí que me llevaba. Eso es buena casta. Sangre. Tu abuelo dejó a un hijo en cada esquina. Eso me gusta. Los hombres, hombres, el trigo, trigo. Novio— ¿Y yo, madre? Madre— ¿Tú, qué? Novio— ¿Necesito decírselo otra vez? Madre— (Seria) ¡Ah! Novio— ¿Es que le parece mal? Madre— No Novio— ¿Entonces…? Madre— No lo sé yo misma. Así, de pronto, siempre me sorprende. Yo sé que la muchacha es buena. ¿Verdad que sí? Modosa. Trabajadora. Amasa su pan y cose sus faldas, y siento, sin embargo, cuando la nombro, como si me dieran una pedrada en la frente. Novio— Tonterías Karola es una buena chica. Madre— Más que tonterías. Es que me quedo sola. Ya no me queda más que tú, y siento que te vayas. Novio— Pero usted vendrá con nosotros. Madre— No. Yo no puedo dejar aquí solos a tu padre y a tu hermano. Tengo que ir todas las mañanas, y si me voy es fácil que muera uno de los Delgado! Uno de la familia de los matadores, y lo entierren al lado. ¡Y eso sí que no! ¡Eso sí que no! Porque con las uñas los desentierro y yo sola los machaco contra la tapia. Novio— (Fuerte) Vuelta otra vez. Madre— Perdóname. (Pausa) ¿Cuánto tiempo llevas en relaciones? Novio— Tres años. Ya pude comprar la viña. Madre— Tres años. Ella tuvo un novio, ¿no? Novio— No sé. Creo que no. Antes eran amigas con Elizabeth, luego comenzó a salir con la Montserrat esa, la prima , la que quiere ser actriz, ahora se la da de escritora.... Madre— Debe ser una ligera de cuerpo, las mujeres de esas artes son todas atorrantitas y los hombres un grupo de afeminados. ¿A donde dices que iban? Novio— Aun no le dije madre. Madre— Y como le vas a decir madre… a menos que… Novio— Que aun no le dije a usted madre, a donde frecuentaban estas damiselas. Madre— Y que esperas hijo, dímelo. Novio— Recorrían los piringundines de la villa. Las muchachas tienen que mirar para casarse. Madre— Yo no miré a nadie. Solo a tu padre, y cuando lo mataron miré a la pared de enfrente. Una mujer con un hombre, y ya está. Novio— Usted sabe que mi novia es buena. Madre— No lo dudo. De todos modos, siento no saber cómo fue su madre. Novio— ¿Qué más da? Madre— (Mirándole) Hijo. Novio— ¿Qué quiere usted? Madre— ¡Que es verdad! ¡Que tienes razón! ¿Cuándo quieres que la pida? Novio— (Alegre) ¿Le parece bien el domingo? Madre— (Seria) Le llevaré los pendientes de azófar, que son antiguos, y tú le compras… Novio— Usted entiende más… Madre— Le compras unas medias caladas, y para ti dos trajes… ¡Tres! ¡No te tengo más que a ti! Novio— Me voy. Mañana iré a verla. Madre— Sí, sí; y a ver si me alegras con seis nietos, o los que te dé la gana, ya que tu padre no tuvo lugar de hacérmelos a mí. Novio— El primero para usted. Madre— Sí, pero que haya niñas. Que yo quiero bordar y hacer encaje y estar tranquila. Novio— Estoy seguro que usted querrá a mi novia. Madre— La querré. (Se dirige a besarlo y reacciona) Anda, ya estás muy grande para besos. Se los das a tu mujer. (Pausa. Aparte) Cuando lo sea. Novio— Me voy. Madre— Que caves bien la parte del molinillo, que la tienes descuidada. Novio— ¡Lo dicho! |
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